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Nos gustaría que nos hablaras sobre tus inicios: ¿Cuál fue tu primer proyecto? ¿Nos puedes contar alguna anécdota de aquel primer trabajo?  Mi primer proyecto fue un reto bastante peculiar. Estaba en tercero de Arquitectura y me presenté a un concurso internacional para hacer las oficinas de uno de los sectores del Banco Mundial, del IFC. Mi experiencia en interiorismo era cero, y en arquitectura, tenía la fortuna de tener un padre promotor, desde muy pequeño me había criado en una obra y siempre me había gustado. Con menos de 21 años gané el concurso y me puse a construir sin tener conocimientos de interiorismo. Iba a una tienda de tela, y le pedía al dueño que me ayudara, y así fui construyendo el proyecto. Yo estaba en la obra, trabajando con el grupo de gente: con el pintor, con el carpintero.... Había sobornado al portero del edificio para que me avisara cuando venía el cliente, y cuando me avisaba me ponía el traje que tenía guardado, y me encontraba dando indicaciones a la gente que trabajaba . Así terminé mi primer proyecto, que resultó ser después elegido una de las mejores oficinas del Banco Mundial. Fue vertiginoso y muy divertido. Muy estresante pero con final feliz. 

De Buenos Aires a New York ¿Cuál es tu recuerdo de aquella época?  Dentro de la misma línea de inconsciencia, no llegaba a 25 años, y fue dejarlo todo.  Me iba razonablemente bien en lo que hacía, el primer proyecto me había abierto muchas puertas, y decidí dejarlo todo e ir a estudiar arquitectura nuevamente. Mezclé arquitectura con cursos de filosofía y de sociología. Viviendo en Nueva York comencé a cuestionarlo todo. Aprendí arquitectura desde el punto de vista americano, que era distinto del que había estudiado en Buenos Aires. En Argentina nos entrenaban para solucionar problemas, éramos todos muy buenos solucionando problemas. En Nueva York el tema era cuestionar el problema: porque un hotel, porque un cine... me hizo ver todo desde un punto de vista muy distinto. Personalmente me hizo mucho bien, me hizo muy fuerte y me enriqueció ver la arquitectura desde dos puntos de vista muy diferentes.

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Eres arquitecto de formación, pero también te dedicas al interiorismo en tus proyectos, ¿consideras que la arquitectura y el interiorismo deben ir siempre de la mano?  Si miras la gente de mi equipo casi la mitad son interioristas y la otra mitad son arquitectos, jamás los he visto diferentes. Son gente creativa, gente con talento, gente curiosa,  son las virtudes que más busco cuando entrevistamos gente. Para realizar el mejor proyecto, el mejor retail, el mejor centro comercial, el mejor hotel, hay que tener en mente  entender bien quién va a ser el usuario. Hemos vivido muchos años, sobre todo en los 90, la época de los arquitectos estrella, en la que  nos dieron edificios espectaculares. Muchos rozaban más la escultura que la arquitectura y  por eso creaban cantidad de problemas.  Para mí dedicarme al interiorismo  fue una decisión bastante controvertida, era esa necesidad de entender por qué cuando yo hacía algo de arquitectura el interiorista que venía después  me hacía un interior radicalmente diferente, era algo que me fastidiaba muchísimo. Entendí que parte del problema era mi ignorancia en este tema. Si no puedes contra ellos, como dice el dicho, únete a ellos.

Cuando me sumerjo en el mundo de Tony Chi, que es un mundo de interiorismo mágico, para mi uno de los mejores interioristas del mundo, y que ha realizado los hoteles de más lujo que hay, me doy cuenta que el interiorista dibuja con 1000 lápices. La variedad, la explosión de posibilidades, es extrema. El nivel de detalle al que se puede llegar al crear reacciones en la gente, a través de la selección de una tela, una madera, un mármol, es una cosa que me empezó a fascinar. Esos años con Tony Chi me dieron una riqueza alternativa, estamos hablando de los 90 donde también empiezo a conocer el mundo a través de proyectos en Malasia, en Beirut,en Omán, en Tokio….  Empiezo a ver el usuario desde el punto de vista global, empezar a pulir más la sensibilidad, aprender a oír y escuchar más al cliente. Entender que la sensibilidad que uno pensaba tener pudiera ser cuestionada por distintos clientes... Para mí fue un doctorado en interiorismo, no solamente a nivel de materiales sino también a nivel de cliente, de cultura, de religión, de poder entender cómo pensaban distinto. Ver la cultura de cada lugar con enorme respeto desde fuera y crear conexiones internacionales que agregan valor. Recoger una imagen, un diseño, un mueble, una silla, una forma de hacer las cosas de un país, y, siempre desde el lado del respeto, darle una vuelta y proponer algo nuevo.

Un buen diseño interior no solamente debe ser hermoso, sino que también debe ser funcional, especialmente en los hoteles y restaurantes. ¿Cómo te documentas y estudias el espacio, para lograr que el usuario tenga la mejor experiencia posible? Uno de los consejos que más doy a mi gente, pero también cuando doy charlas, es olvidarse de estar mirando continuamente documentación sobre interiorismo o arquitectura. Yo leo veo revistas, viajo muchísimo, me pierdo por las calles de las ciudades en las que estoy. Intento conocer las culturas, el impacto visual. La experiencia de usuario es muy difícil de ser transmitida en una foto, hay que vivirla. Una vez estábamos terminando un hotel en Tokyo, teníamos en un momento del proyecto grandes discrepancias con el cliente en cuanto a cómo materializar la habitación, y entonces me tomé el trabajo, que después se volvió una costumbre, de que era que cada vez que viajaba a Tokyo me quedaba cada noche en un hotel distinto. Fotografiaba la habitación, la experimentaba, la entendía, y al día siguiente invitaba a la gente de la cadena hotelera a mi hotel para explicárselas uno por uno. Una práctica que es muy importante para mí cuando llego a un  hotel es dejar mi maleta en el pasillo, coger mi teléfono, y empezar a grabar cuando abro la puerta. Cuando voy entrando en la habitación con el teléfono móvil grabando lo mismo que yo estoy viendo, es el primero y único minuto en el que soy un usuario igual que cualquier otro. Eso es muy importante, cuando entráis en un restaurante, en un cine, en un spa, anotar en la cabeza cuáles son nuestras primeras reacciones, porque al minuto ya somos diseñadores, y en ese momento ya lo estamos procesando de manera diferente. El otro día estaba viendo un documental sobre Walt Disney y es impresionante ver cómo crea un mundo de fantasía y temático para la feria de Nueva York. Busca cómo construir las cosas para conseguir su idea y construir sus parques temáticos en Orlando, y para ello crea un grupo o en el que habían diseñadores de moda, maquilladores, la gente más sofisticada en tecnología... y como ha sido un grupo ecléctico de genios de la ciencia y del diseño quien ha hecho posible crear ese  mundo paralelo. Yo saco mucha inspiración de cosas que no están relacionadas directamente con la arquitectura y el interiorismo.

Un hotel puede no renovarse con mucha frecuencia, y puede tener diferentes necesidades de uso a lo largo del tiempo, incluso durante un mismo día. Tu concepción de los espacios como flexibles, se adapta perfectamente a las necesidades de un establecimiento de este tipo, ¿Cómo consigues que los espacios sean lugares vivos, capaces de proporcionar diferentes experiencias? Para nosotros el hecho de la transformación es fundamental. Desde nuestro punto de vista, un hotel ya no puede cambiar cada 5 o 10 años, nosotros ya diseñamos con la visión del cambio. en muchos casos las perspectivas que estamos diseñando ya tienen variaciones, ya les estamos enseñando cómo va a cambiar de una u otra manera. El hecho de la transformación para nosotros es clave es y es parte de entregar un diseño abierto, no un diseño cerrado. Durante muchos años en arquitectura cuando se terminaba un edificio, se fografiaba y se olvidaba. Era como un monumento, está muerto es un esqueleto. A nosotros lo que nos gusta es la arquitectura viva, el interiorismo vivo. Nos gusta el diseño que va transformándose y mutándose.  En el tiempo que vivimos ahora, seguimos muy de cerca a los millennials, la generación z, la generación y, y todas las distintas tribus que van saliendo y entienden el mundo a través de las redes sociales. Diseñar espacios que tienen sus propios selfie points es como algo usual, no nos llama la atención. Durante los años en los que trabajé en Nueva York con Rockwell es que diseñamos también teatros y escenografías. Cando se diseñó en el 2008/2009 la ceremonia de los Óscar era el espacio físico de mayores transformaciones físicas del mundo. Duraba 13 horas y era un año de trabajo, un presupuesto gigantesco para un espacio físico que mutaba continuamente, cada tres, cuatro o cinco minutos, para transformarse en algo totalmente distinto y encima era efímero después de los Óscar desaparecía y eso me impactó muchísimo. De la misma forma que un lobby debería mutar. Estamos construyendo espacios que no son utilizados durante un largo período del día, ¿porque no empezar a pensar de una manera más híbrida? que la sala de reuniones pueda funcionar también como parte de un restaurante o como sala de juntas. Hay cantidad de ideas que hemos desarrollado dentro del estudio basadas en cómo cada espacio puede servir más de una vez. Hay que ser más responsable con el dinero de los clientes y proponerles ideas.

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Por ejemplo, en el caso del hotel VP hubo varias ideas de transformación con las que el dueño del hotel estuvo de acuerdo, les dio valor y eso tuvo una repercusión en sus resultados. Así, nosotros dimos la idea de crear enormes plataformas que tapasen la piscina para dar por ejemplo un privado más en la terraza, es una idea muy simple pero ese espacio se transforma en restaurante, en discoteca, en lugar de desayuno, sala de reuniones etcétera. Eso para nosotros es fundamental a la hora de desarrollar un espacio. Y eso es gratificante.

Los espacios de Diego Gronda transmiten muchísima sensibilidad incluso sin percibir de manera consciente todos los detalles. ¿Crees que si ha habido una cuidada atención al detalle, se ve reflejada en el conjunto? ¿Qué elementos utilizas para conseguirlo?  Mies van der Rohe dijo que Dios está en los detalles, y no puedo estar más de acuerdo con él. Los detalles son clave y detallamos al milímetro todas las ideas que plasmamos. El diseño con capas, una cantidad de detalles que no siempre son todos expuestos en nuestra primera experiencia del espacio, es uno de los elementos que más nos atrae. Siempre comento que nuestro estudio no tiene un estilo particular, es más, renegamos de un estilo particular. Nos gusta ser resolutivos para un cliente, para una necesidad en particular y nunca repetir esa solución. Cuando uno diseña con capas el diseño es mucho más complejo es más caro en muchos casos, pero hay varias maneras de leer el espacio. Uno de mis hobbies favoritos, una vez que terminamos los espacios, es sentarme en un lobby, un restaurante, un bar, y mirar a la gente cómo mira cómo absorbe nuestro espacio, y darme cuenta que hay gente que no es consciente de la mitad de las cosas que le están rodeando. Pero por alguna extraña razón vuelve una próxima vez, y otra vez, y otra. La seducción de un espacio, esa conexión emocional con el espacio, es lenta y es a través del tiempo, porque la segunda vez voy y descubro otras cosas, y me sorprende el espacio, y la tercera vez me sientan en otra mesa y descubro otra cosa. Me acuerdo de un hotel en Nueva York en que todos los pasillos tenían obras de arte en las paredes de distintos artistas, y habíamos contemplado que a la hora de las reservas siempre al usuario se le diera una habitación en un piso distinto. Con lo cual había un factor de sorpresa, había gente que le gustaba más un piso que otro, más un artista que otro, y había de repente comunicación. Eso me parece muy importante.  Cuando hablamos de la cultura del usuario, este usuario joven vuelve si tiene más stories que contar, si ve cosas distintas.

Por último, las dos preguntas que hacemos a todos nuestros entrevistados, ¿Qué proyecto os gustaría realizar? El proyecto de mi sueños se siempre el próximo proyecto. Creo que es fundamental pensar que en el próximo trabajo uno va a poder desarrollar nuevas ideas, sorprenderse a uno mismo. Es muy importante para nuestros clientes el tener un diseñador esperanzado, un diseñador lleno de ideas, con una evolución creativa, con ganas de llevarse el mundo por delante. Aunque son unos cuantos años haciendo esto, me gustaría creer que todos en el equipo transmitimos esto a los clientes, a los proveedores, a las empresas con las que trabajamos. Porque a la larga todo lo que hacemos es un trabajo de equipo. Para mí los mejores proyectos son los que tenemos una colaboración creativa con el cliente, pero también con los distintos fabricantes que nos apoyan, hay empresas con las que nos encanta trabajar porque nos sorprenden. Las  ideas no solo vienen de uno mismo.

A nivel personal siempre quise hacer un espacio espiritual, no necesariamente relacionado con una religión en particular. Siempre me gustó el trabajo de la luz y la sombra como hizo su momento le Corbusier, pero basado en una conexión vertical con la naturaleza, algo que haga que la arquitectura emocione. 

Hemos diseñado dos islas, una en Arabia Saudí y una en Qatar, que nunca se materializaron y me quedé siempre con ese elemento de fastidio Pero eran proyectos muy grandes y complicados y es también un sueño que en el que me gustaría trabajar.

¿Cuáles son tus tres objetos/piezas de diseño preferidas? Es una pregunta complicada, hay dos piezas a las que tengo bastante cariño. Una chaise longue de Le Corbusier, qué es como un cliché, pero fue el primer mueble que me compré cuando no era ni arquitecto, y me ha seguido por todas partes del mundo. Está en medio de mi casa. Me gusta tanto que ni nos sentamos en ella, la sobrevaloramos. A partir de ese mismo diseño, la versión para jardín, que es una silla como la de Le Corbusier pero hecha de hierba. Le tengo mucho cariño a esos dos piezas, son las piezas que más me han marcado a parte del mobiliario que diseño yo.  Me gusta el cambio, me gusta la gente que toma riesgo, no me gusta endiosar,ni a gente ni objetos, porque creo que los transformamos en monumentos, en esqueletos sin vida. Me gusta seguir buscando y no construir vitrinas y templetes alrededor de piezas que pasan a ser objetos de arte y no cumplen su uso. 

 


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